El agua del mar
siempre está fría

Jueves, 24 de julio de 2014

Desconfíe de aquellos que le responden "está buenísima" a la pregunta "¿cómo está el agua?". Quizás habían entendido otra cosa, y no importa que sean parientes cercanos, gente que presuntamente no está dispuesta a mentir. Lo hacen y nadie sabe por qué. El agua siempre está fría, y está helada si eres friolero. Para mí, que lo soy, una temperatura aceptable sería la de mi propio cuerpo, a poder ser con fiebre. Lo suyo sería que no notara nada, ningún contraste, solo un líquido rodeándome. El agua del mar tendría que estar a treinta y nueve grados, pero solo en la zona en que me encontrara. Que no quisiera ser yo el causante de un cambio climático. ¿Cómo se consigue eso? No lo sé, pero si hemos llegado a la Luna, deberíamos poder calentar una playa. Otra mentira muy típica en esta situación es "la encontrarás fresquita al entrar, pero luego ya te acostumbras y bien". No me vale. Nunca te acostumbras a lo malo. Parece que estén definiendo la crisis en España.

Los best sellers son para el verano
Hay que proclamarlo sin ningún tipo de rubor. Durante el verano, los niveles de auto exigencia literaria se relajan también (en el caso de que uno los tenga muy elevados, claro). No hay nada mejor que sumergirse en esos libros inmensos, pensados para que luego pueda hacerse la película. Esos folletines épicos, con héroes insobornables y atormentados que superan todos los obstáculos de la vida. Con sus pinceladas de amor, de sexo y ambientados en lugares que algún día tú crees que visitarás. ¡Esos son los libros del verano! Te emocionas con ellos, te identificas y, luego, levantas la vista de las páginas y ves a tu cuñado con su tripa de embarazado y enarbolando una cerveza: "¡Qué pasa, hombre! Vaya coñazo el Mundial de este año, ¿no?". Y piensas: "Menos mal que soy un intelectual y estoy leyendo 'Leyendas de pasión' (título imaginario), porque, si no, ¿qué iba a ser de mí?".

No hagas más fotos. Ya las tienes todas
¿Han pensado alguna vez que las fotos que van a hacer este verano son las mismas que las del año pasado? Lo digo por experiencia. Soy un fotógrafo compulsivo aficionado, pero me estoy quitando. Durante las vacaciones me da por ser creativo y me siento transportado por las horas de luz, la gente en manga corta, los niños comiendo helado o los paisajes. ¡Todo son fotos! ¡Y no hay que revelarlas porque son digitales! Me emborracho de píxeles y disparo y disparo. Luego lo vuelco en el ordenador. Como siempre voy con la misma gente y a los mismos sitios (al menos últimamente) el resultado es un poco inquietante ya que uno puede ver cómo envejecemos lentamente. En manga corta, eso sí. Tengo la misma roca de un acantilado desde trescientos ángulos diferentes. Si la roca pudiera hablar, me diría: "Ya está, ¿no? No busques más, hombre, es lo que ves". Pero la roca no habla y yo sigo disparando. Quién sabe, quizás un día en segundo o tercer plano aparezca un fantasma y la puedo mandar a Cuarto milenio.

Los consejos repetitivos
Todos somos un poco tontos, y por eso todos los años se repiten esos consejos que de tan obvios parecen bromas. Pero los dicen en serio. Nos suelen recordar a través de los medios que intentemos pasar por la sombra, beber líquidos, no practicar deporte en las horas de mucho sol y cosas así. Cada vez que los escucho me pregunto si hay alguien dispuesto a no beber nada durante un día de fuerte calor y correr todo el rato bajo el sol por el mero hecho de probar a ver qué pasa. Pero, bueno, no quiero generalizar, que hay gente para todo.

"El Berenjenal" en Interviú.

¿Amenaza o consuelo?

Martes, 22 de julio de 2014

¿Amenaza o consuelo?

El verano

Lunes, 21 de julio de 2014

Perros y dueños

Jueves, 17 de julio de 2014

Extraña tipografía (y ortografía) para un problema universal: los perros que orinan por doquier. Visto en Barcelona.

Perros y dueños

El placer es
de los que arriesgan

Miércoles, 16 de julio de 2014

Muchos son los que hablan de "arriesgar", pero pocos (muy pocos) son los que lo pueden poner en práctica. Arriesgar va asociado a la creatividad, al carácter, a la personalidad, posiblemente al éxito. Viste mucho, vende más, pero la gris realidad se encarga de abortar el riesgo. Cuando planteas algo arriesgado, topas frontalmente contra la corrección, el cálculo de posibilidades, la rentabilización o la "monetización", como la definen algunos odiosos. "¿Cuánto me costará ese riesgo?", "¿qué posibilidades hay de que salga bien?", "¿cómo lo vamos a monetizar?" y otras preguntas similares enfrían, desmontan y hasta anulan. ¡Si no lo probamos, no sabemos cómo puede ir!

Piensen en negocios, en deporte, en innovación, en todos los sectores que puedan imaginar donde el riesgo, la prueba, el tirarse a la piscina es parte consustancial y evidentemente la más divertida del proceso. También es la que más celebra y agradece el espectador o el consumidor. Debe de ser una historia tan antigua como el propio ser humano. Siempre ha habido gente dispuesta a arriesgar; y otros (la mayoría de las veces son los que tienen el dinero y el poder), preparados para cortar la cabeza a ese riesgo e incluso tildarlo de estúpido, infantil y otros calificativos. El famoso y tenso diálogo entre los que tienen las ideas y los que las harán posibles. Las dos partes son importantes. O hay generosidad entre ambos, o hay complicidad, compromiso, pasión y una emoción propia del juego y la experimentación, o no hay nada. Bueno, sí. Hay algo: lo previsible, lo gris, lo estándar, lo normal. No hay palabra más odiosa que normal. Las historias de riesgos que salieron bien son épicas y se ponen como ejemplos. Inspiran libros, películas, se estudian en las escuelas de negocios. Pero la mayoría de los riesgos no se tomaron, y si conociéramos los detalles de cómo se cortaron las alas a los sueños, se nos caería la cara de vergüenza.

Hace poco compartí una maravillosa conferencia con Javier Mariscal en Barcelona. Nos hemos inventado un ciclo que llamamos Instint, donde convocamos a la gente para que escuche y viva lo que personas con talento tienen que contarnos. Mariscal es un genio. Un inconformista, un soñador, un hombre al que lo convencional le provoca repelús. Dijo muchas cosas, pero una de las que me gustaron fue su reivindicación del riesgo. Y lo enmarcó en aquellos maravillosos años previos a los juegos de Barcelona 92. Se ha hablado mucho del éxito de aquello, pero piensen en los años previos, cuando había que tomar decisiones para deslumbrar al mundo. Podía hacerse bien pero normal, o arriesgar. Y Pasqual Maragall (otro genio) optó por lo segundo. Encargó una mascota a un dibujante casi underground y puso la ceremonia de inauguración en manos de un grupo como La Fura dels Baus, que provocaba e incomodaba en sus actuaciones. Maragall jugó fuerte y... ganó. El mundo entero etiquetó a Barcelona como la ciudad más moderna, creativa y atractiva del mundo en aquel momento. ¿Qué pasó luego? Personalmente, creo que nos dormimos en los laureles y que no supimos aprovechar aquella inercia, aquel clima favorable para la verdadera y luminosa innovación. Ganó el turismo, el cartón piedra, el escaparate, más que el taller de artista. Quedó el cuerpo, pero se disolvió el alma y los ciudadanos pasamos de aquella alegría y orgullo a una rutina más o menos agradable. Y eso que... ¡habíamos arriesgado y nos había salido bien! ¡Teníamos una marca!

Les dejo con una frase del piloto Marc Márquez. Soy muy fan de Márquez. Ha dicho: "El talento es vital, pero si no eres atrevido, si no tienes coraje, nunca podrás experimentar todo tu talento. La técnica se puede trabajar, entrenar, aprender, memorizar. Para mí, el orden sería: talento, coraje y técnica". Creo que coraje es igual a riesgo, es igual a placer. Márquez tiene 21 años y ya está dando lecciones.

"El Berenjenal" en Interviú.