
No vivía algo tan intenso en televisión desde hace mucho tiempo. Empezó como una broma (en la cabeza de Oriol Bosch de
laSexta) y acabó en un acontecimiento. No había precedentes. Cómo hacerlo? Con mucho morro y la ayuda imprescindible de los dos equipos. Luego vino mucha emoción, llamadas de teléfono, algunas incógnitas y... a jugar. Sin red. Sin apenas unas pruebas previas. Si me lo permiten "con dos cojones".
Siempre he admirado a Wyoming, por lo que sentarme en su mesa y dejarle "mi mundo", fue un honor. No hace falta competir, ni quién lo hizo mejor, ni chorradas. Se hizo. Eso es lo bueno, lo inédito y lo diferente. Estas cosas solo pueden pasar en
laSexta. Gracias a todos los implicados y, por supuesto, a todos los espectadores.