No entiendo nada

Lunes, 13 de abril de 2015

Tengo un vicio (confesable) que es el de dibujar en todas partes a todas horas y en todas las condiciones posibles. No sé cuando se metió en mi cabeza esa obsesión, la verdad es que no me acuerdo muy bien. Quizás todo empezó cuando empecé a vivir solo en Barcelona en los noventa. Trabajaba en la radio y tenía bastante tiempo libre por las noches. En lugar de tirarme en el sofá y ver la tele con calma, disponía todo mi arsenal de papeles y tintas y lo hacía todo a la vez: miraba la tele y emborronaba.

Así todo el rato. Me daba bastante vergüenza enseñarlo, algo que no entiendo por qué pasa , pero pasa. Yo diría que eso viene de nuestra época escolar, donde no nos enseñan a ser libres con el trazo, a probar, a encontrar nuestra expresión sin pudor y a disfrutarlo. Demasiada teoría y poca práctica. Mucho estudio y poco juego. Pese a ese lastre yo dibujaba y dibujaba.

'No entiendo nada'
Hasta que un día, una pintora profesional, me dijo que no temiera nada, que fuera más lejos y que hiciera lo que me diera la gana, porque lo que uno hace es único y no importa la técnica sino el alma de tus dibujos. ¡Buena cosa me dijo!. Me vine arriba y el virus del arte (a mi manera) se metió en mi cabeza para siempre. Aquello fue imparable. Sentía que me enamoraba de la pintura.

Estaba deseando tener un rato para pintar. Llené libretas y carpetas, experimenté con materiales, rompí mucho y guardé bastante. Algunos amigos (pocos) se interesaban por aquella epifanía de monigotes, trazos y colores. "¿Pero tú estás bien?", me preguntaban con una cierta sorna. Yo estaba muy bien y regalaba (todavía sigo haciéndolo), algunas de las piezas que salían de mi cabeza y de mis manos. Regalar lo que pintas, creo, es una de las cosas más bonitas que puedes hacer con tu arte. Regalas una parte de ti, de tus obsesiones, de tus pensamientos más íntimos. Y eso es para siempre. Lo que regalas es lo que te va a sobrevivir. Para lo bueno y para lo malo.

'No entiendo nada'
Pasaron los años y la obsesión fue a más. La diversión iba en aumento y no había ningún motivo razonable para detenerla. Hasta que mi amigo Mikel Urmeneta, una noche memorable de 2005, me dio el empujón definitivo. Estábamos en Ibiza para una entrevista y vio todo mi arsenal. "Pero tío, ¿esto qué es? No puedes dejarlo. ¡Sigue, sigue!". Insistió mucho. Mucho. "Tus dibujos no dejan indiferente". Sonaba bien, parecía un halago. Yo creía que era una broma pero no, el hombre iba en serio y se puso muy pesado. Y, claro, si un dibujante genial y profesional, te anima de esta manera pues habrá que hacerle caso ¿no? Eso hice y el alud fue imparable. Siempre le consideraré mi padrino en este campo.

'No entiendo nada'
Hasta que hace algo más de un año conocí a los de Resevoir Books en la presentación del libro de Mongolia. Me armé de valor y les dije que "tenía cosas, muchas cosas, que a lo mejor podrían conformar un libro". Lo dije con la boca pequeña, como probando, porque aunque parezca mentira no me gusta hacer el ridículo sino es cobrando en un programa de humor. Decidieron verlo y se animaron a trabajar en el proyecto. Los editores (buenos) son esa gente con una paciencia infinita que saben animar y esperar en la proporción adecuada. Yo me propuse la tarea (como si no tuviera cosas que hacer ¿sabes?) de definir un estilo y aprovechar las noches de insomnio después del programa para armar una buena colección. Manos a la obra. Recuerdo aquellos meses como los más productivos de los últimos tiempos. Había que trabajar a escape libre, dejar que todo fluyera.

'No entiendo nada'
Así es como se hizo "No entiendo nada", el libro con el que me examino. Uno de los trabajos que más ilusión me ha hecho en los últimos tiempos. ¿Que de qué va? ¡Buf! Eso lo tendrá que decir el que lo tenga en las manos. Yo creo que va de todo y que se adentra en territorios oscuros, a veces un poco ligeros, otros más profundo. Es humor y no es humor. Va de la vida. De la muerte, del sexo, de las mentiras, de los miedos, de las esperanzas. Lo que es la vida. O como la veo yo a esa hora incierta en la que todos duermen y, curiosamente, eres más sincero que nunca contigo mismo. Son dibujos que vieron la luz cuando los focos del programa se apagaban, cuando las risas se callaban, cuando las únicas voces estaban en mi cabeza y misteriosamente, tomaron forma y se proyectaron en los papeles para siempre.

Me quedé a gusto y ahora quiero más. Nunca dibuja uno lo suficiente. Por suerte.

Que no falte

Jueves, 9 de abril de 2015

Que no falte un poco de buen rock and roll.

Maldita muerte

Miércoles, 1 de abril de 2015

Ya está la maldita muerte arañándonos el alma otra vez. Sin piedad y por sorpresa, como solo ella sabe hacer. Intuimos que está ahí, al acecho, pero tratamos de ignorarla, de hacer nuestra vida como si nada. Ese sería, por cierto, el acto supremo de supervivencia: vivir ignorando que todo se acaba algún día. Pero ella siempre gana, a veces injustamente, precipitadamente, haciendo trampas. En la última semana, un avión de pasajeros se estrelló en los Alpes y toda nuestra fragilidad y nuestra pena se pusieron en evidencia. Una triste evidencia. "Estamos aquí, donde no queremos estar", decía una periodista. Voces serias, datos espeluznantes, muchas imágenes, alguna conjetura, pero sobre todo vidas truncadas. Silencio y una sola palabra que salía de nuestras bocas al ver las noticias: "¡Joder!". También fue un reto para los periodistas: el de contar lo sucedido sin hurgar en el morbo, respetando a la gente, a las familias, al propio hecho noticiable y no sus alrededores escabrosos. Diría que lo consiguieron, salvo algunas y previsibles excepciones.

Por una maldita casualidad, yo me encontraba presentando un festival teatral de comedia que inauguramos el próximo verano en Portaferrada. Se llamará Singlot. ¿Se puede reír en un día negro? No, claro. Solo se puede mostrar respeto y echar mano de un tópico tan manido como real a pesar de todo: "La vida continúa". Porque es verdad aunque no lo parezca. Luego, por la noche, mostramos nuestra solidaridad en el primer minuto, el público aplaudió (era su homenaje) y nos pusimos al lío. Es difícil, pero hay que hacerlo. Horas antes, un zarpazo de mezquindad arañó las redes. Algunos impresentables se alegraban en Twitter de que los desaparecidos fueran catalanes. La cara más oscura del ser humano. Ahí sí tiene que entrar la Justicia a saco. O se sanciona el exabrupto ofensivo sin que se pueda confundir esa intervención con censura, o se están dando alas a los desalmados. No nos lo merecemos. Por deleznable que fuera, no pudieron empañar una jornada de duelo y de sensibilidad a flor de piel. Y cuando estábamos digiriendo eso (si es que se puede), nos enteramos de la muerte de Pedro Reyes.

Un hombre que nunca debería morir
Así lo pensé. "Hay gente que nunca debería marcharse. Pedro era uno de ellos". El surrealista irreductible, la locura con patas, el payaso moderno que vivía y trabajaba al margen de todas las corrientes Era un género en sí mismo, un placer de compañero. Tuvimos la suerte de trabajar con él hace un tiempo. Le propuse una aparición semanal en nuestro programa. Hablaríamos sin guion previo, algo que me chifla y que solo puedes practicar con los más grandes porque de lo contrario es un camino de piedras. Lo llamaríamos "La entrevista más larga y rara del mundo". Aceptó, por supuesto. Sabía tirarse a las piscinas sin comprobar si había agua. Como hacen los buenos, los que a mí me gustan. Recuerdo la sonrisa que se me ponía en la cara la noche que sabía que Pedro venía. Me reía antes de empezar. (Ahí tienen un identificador de cómico brillante). Y siempre estaba a la altura. Soltaba sus tesis delirantes, sus interpretaciones sesgadas y rocambolescas de las cosas. Diversión en estado puro. Un niño con bigote. Siempre iba por una carretera secundaria del humor, lejos de lo previsible, algo que imagino le provocaba urticaria. Aquellas noches fueron memorables. Me quedé con las ganas de unir todas las charlas y tener como resultado una larga conversación de besugos televisada. Quizás sea el momento de hacerlo, porque todo homenaje, todo recuerdo, será poco.

No hace falta recordar (o sí) lo necesarias que son personas como Pedro Reyes en nuestro mundo actual. Gente luminosa y de colores que rompe la grisácea realidad, la seriedad, la impostura, el orden establecido. Es tan necesaria su aportación como grande el hueco que deja al irse. ¡Joder! Otra vez "¡joder!". Sí, ya sé que la vida es así y todo eso, pero ahora estoy de mal humor. Y eso es lo peor que le puede pasar un cómico. Tengo más cosas que contar, pero... nada luce, nada tiene sentido. Ya, si eso, otra semana, que encima será Santa. Como si eso pudiera arreglar la crueldad del mundo.

"Memorias en diferido" en Interviú

Rajoy es de los que envían SMS

Viernes, 27 de marzo de 2015

Sostiene Mariano que él va a seguir mandando mensajes SMS, en un nuevo e infructuoso intento de desligarse del asunto Bárcenas. Lo dijo en una entrevista radiofónica. Pero eso no es lo importante. Lo realmente destacable es que el presidente utilice ese sistema de mensajería cuando todo el mundo civilizado está en Whatsapp. Llámalo civilizado, llámalo actual, llámalo GRATUITO. Hace tiempo reparaba en ese reducido grupo de personas que todavía envían SMS. Es que les pega. Son gente especial, refractaria a los avances (masivos) de la tecnología. Por favor, que alguien se lo diga a Mariano. Que le diga que en Whatsapp, por ejemplo, puedes crear grupos y eso ahorra mucho trabajo. Podrían crear el grupo de imputados del PP. Bueno, quizá no sea buena idea. Creo que los grupos tienen un límite, no vaya a ser que salte el servidor del servicio y eso nos afecte a todos. Otra vez.

Mientras tanto, en Estados Unidos, Obama se planta ante la prensa y como si de un cómico se tratara suelta: "No sé por qué les hago tanta gracia. A lo mejor es porque aquí en Washington la marihuana es legal". También pasó por un late show y respondió a los tuits de sus seguidores, mirando a cámara, sentado en un taburete y sonriendo. Siempre con gracia (quizá se lo escriban, pero hay que decirlo bien), sabiendo estar, dominando la distancia corta, la complicidad, el tono de comedia adecuado, el sentido del espectáculo y hasta la autoparodia. Igual que aquí... En eso también nos ganan. Aquí parece que todo nos lo tomamos en serio, todo es agrio, irreconciliable y sagrado. Aquí nadie se relaja, nadie toma distancia. Todo es doctrina. "Conmigo o contra mí". Pensaba que este año, atiborrado de elecciones, podría ser un buen año para empezar e inyectar comedia, cercanía, algo de normalidad entre los políticos. Por pensar que no quede.

La RAE no reconoce populismo
Por extraño que parezca, la RAE no contempla la palabra populismo. Popularismo sí, pero no es lo mismo aunque se le parezca. Bob Pop les escribe y ellos, muy amables, nos dicen que en la próxima versión ya aparecerá. Ya lo tenían pensado, no es que seamos tan influyentes. Eso significa, entre otras cosas, que el diario ABC está cometiendo un error semántico en sus portadas-dardos envenenados/humorísticos contra los "salvajes" de la nueva izquierda. Que lo sepáis, ABC. Aunque me temo que ese es el menor y más soportable de vuestros errores.

Ibiza puede con (casi) todo
El matrimonio creativo formado por José Corbacho y Juan Cruz tiene nueva criatura. Es una novela y se llama "People from Ibiza". Tenía que ser un guion de cine y acabó en novela. Lleva la marca de la casa: vidas cruzadas y personajes cotidianos driblando sus miserias y sus grandezas. Pero esta vez el escenario es Ibiza, esa isla que tan bien conoce Corbacho. Pasan por el programa y nos da por analizar la grandeza de una isla que puede con todo. Con su mala fama, con el peso de la corona de capital mundial de la noche, con su jipismo de temporada y fashion. La isla es eso y un montón de cosas más. Como todas las islas, todos los sitios especiales y únicos. A pesar de las etiquetas, de una posible sobreexplotación de márquetin y de todas los excesos imaginables, Ibiza sigue orgullosa y receptiva. Sabe guardar secretos, se diría que hasta sabe perdonar autovías que la descosen con alquitrán y gente que no va a recordar nada de lo que vivió ahí. Siempre tiene un rincón tranquilo, una playa sin mucha gente, una cena íntima, una confesión, una caricia. Hay ruido, furia y también naturaleza, arte. Cemento y paisaje, gente fast-food un poco desquiciada y sabios con la piel quemada por un sol inclemente. No entiendo como "People from Ibiza" no se convirtió en película si la propia isla, en sí misma, ya es una superproducción.

"Memorias en diferido" en Interviú

Siesta

Jueves, 26 de marzo de 2015

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