Las canciones del verano
han muerto

Martes, 29 de julio de 2014

Le ponen algo a los helados. Si no es así, no se entiende
Le ponen algo adictivo a los helados, especialmente en verano. Y no les culpo. Es más, les felicito siempre que esa sustancia no sea tóxica. Me siento irremediablemente atraído por las heladerías. Oigo sus cantos de sirena a cientos de metros de distancia y ando como un zombi hacia ellas siempre que puedo. ¿Ustedes también? Vale, me quedo más tranquilo. Las heladerías son esos sitios donde tienes la sensación de que nada malo puede suceder. Están protegidos, reparten felicidad. Solo comes un helado si estás de buen humor y, durante el tiempo que dura, no piensas en nada más. No sé quién se lo inventó, pero le felicito. Mezcló el frío con el azúcar y llegó directo a nuestros corazones, pasando por la lengua. Solo una cosa: no haría falta seguir innovando con los sabores. Quizás yo sea muy clásico, pero ya lo tenemos. Y de sobra. Hace tiempo que han prosperado los heladeros creativos, esos que han saltado la barrera de lo previsible y hasta la recomendable. He visto helados de paella. Bueno, no hace falta de verdad. Dame avellana, dame chocolate, dame vainilla, dame nata... ¡Será por sabores! Cuando aprieta el calor, se produce una lucha contra el reloj. Se trata de lamer antes de que se derrita y siempre, siempre, ganamos nosotros. (Ya me han entrado ganas de comerme uno. Ahora vengo...).

Las canciones del verano han muerto
Y es un pena. ¡Anda que no daban juego! Tengo una añoranza enfermiza por aquellos tiempos en los que el verano venía de la mano de una canción pegadiza, ridícula y repetitiva. Empezaban a machacarnos sobre el mes de mayo, y hacia julio y agosto caímos rendidos. No fallaba. ¿Cómo puedo echar de menos algo técnicamente malo? Es un misterio. A veces, echo de menos la mili, y eso tampoco tiene explicación. Es como si, en nuestra cabeza, nuestro pensamiento estuviera todo el año dándoselas de listo, muy concentrado y sesudo. De alguna manera, también se tomaba unas vacaciones. El cuerpo, nuestro cuerpo, hacía el resto. El alcohol, quieras que no, también ayudaba un poquito. Por lo de desinhibirse y esas cosas. Las canciones estivales eran la banda sonora de la horterada más popular y ayudaban a democratizar la estupidez. Georgie Dann era (y sigue siendo) el gran monarca del genero. Un señor francés con pelazo, adosado a unas mujeres estupendas y unos bailes bastante asequibles. ¿La temática?: chiringuitos y alrededores. Un tiro. Todavía ahora, cuando suenan, perdemos el mundo de vista y empezamos a tararear como unos posesos y hacemos el tonto sin vergüenza ninguna. Puede que hayan muerto porque ya no se componen, pero siguen martilleando desde nuestra memoria.

Los turistas ya no van con sandalias y calcetines
Van peor, según el caso, pero ya no responden a aquel patrón de los sesenta y de los setenta. Esos señores y señoras de piel blanca enrojecida, gorros como de tenis y las míticas sandalias con calcetín blanco. Ahora, los turistas van como quieren, vienen desde todos lados y cada uno es de su padre y de su madre. Por supuesto que quedan los que se visten a oscuras, pero han ganado algo de estilo. (Seguro que algún lector dirá: vente a Mallorca o a Benidorm, y vas a flipar, Andreu...). En Barcelona, desde donde les escribo, convivimos todo el año con los turistas. TODO EL AÑO. Yo diría que hay más visitantes que habitantes empadronados. Por supuesto que ya han surgido los que están hartos y se quejan de que vivimos en un parque temático de Gaudí. Hay que respetar todas las opiniones, pero, amigos, no sé si estamos como para quejarnos mucho. Necesitamos sus divisas más que nunca, así que lo mejor será poner buena cara, armarse de paciencia y aprender idiomas. No vale hablar chillando y despacio. Aunque se ha intentado muchas veces, el extranjero no entiende nada. A lo sumo cree que estamos sordos.
(¡Maldición! Yo aquí escribiendo para ustedes y el helado derritiéndose. Voy a por otro).

"El Berenjenal" en Interviú.

El agua del mar
siempre está fría

Jueves, 24 de julio de 2014

Desconfíe de aquellos que le responden "está buenísima" a la pregunta "¿cómo está el agua?". Quizás habían entendido otra cosa, y no importa que sean parientes cercanos, gente que presuntamente no está dispuesta a mentir. Lo hacen y nadie sabe por qué. El agua siempre está fría, y está helada si eres friolero. Para mí, que lo soy, una temperatura aceptable sería la de mi propio cuerpo, a poder ser con fiebre. Lo suyo sería que no notara nada, ningún contraste, solo un líquido rodeándome. El agua del mar tendría que estar a treinta y nueve grados, pero solo en la zona en que me encontrara. Que no quisiera ser yo el causante de un cambio climático. ¿Cómo se consigue eso? No lo sé, pero si hemos llegado a la Luna, deberíamos poder calentar una playa. Otra mentira muy típica en esta situación es "la encontrarás fresquita al entrar, pero luego ya te acostumbras y bien". No me vale. Nunca te acostumbras a lo malo. Parece que estén definiendo la crisis en España.

Los best sellers son para el verano
Hay que proclamarlo sin ningún tipo de rubor. Durante el verano, los niveles de auto exigencia literaria se relajan también (en el caso de que uno los tenga muy elevados, claro). No hay nada mejor que sumergirse en esos libros inmensos, pensados para que luego pueda hacerse la película. Esos folletines épicos, con héroes insobornables y atormentados que superan todos los obstáculos de la vida. Con sus pinceladas de amor, de sexo y ambientados en lugares que algún día tú crees que visitarás. ¡Esos son los libros del verano! Te emocionas con ellos, te identificas y, luego, levantas la vista de las páginas y ves a tu cuñado con su tripa de embarazado y enarbolando una cerveza: "¡Qué pasa, hombre! Vaya coñazo el Mundial de este año, ¿no?". Y piensas: "Menos mal que soy un intelectual y estoy leyendo 'Leyendas de pasión' (título imaginario), porque, si no, ¿qué iba a ser de mí?".

No hagas más fotos. Ya las tienes todas
¿Han pensado alguna vez que las fotos que van a hacer este verano son las mismas que las del año pasado? Lo digo por experiencia. Soy un fotógrafo compulsivo aficionado, pero me estoy quitando. Durante las vacaciones me da por ser creativo y me siento transportado por las horas de luz, la gente en manga corta, los niños comiendo helado o los paisajes. ¡Todo son fotos! ¡Y no hay que revelarlas porque son digitales! Me emborracho de píxeles y disparo y disparo. Luego lo vuelco en el ordenador. Como siempre voy con la misma gente y a los mismos sitios (al menos últimamente) el resultado es un poco inquietante ya que uno puede ver cómo envejecemos lentamente. En manga corta, eso sí. Tengo la misma roca de un acantilado desde trescientos ángulos diferentes. Si la roca pudiera hablar, me diría: "Ya está, ¿no? No busques más, hombre, es lo que ves". Pero la roca no habla y yo sigo disparando. Quién sabe, quizás un día en segundo o tercer plano aparezca un fantasma y la puedo mandar a Cuarto milenio.

Los consejos repetitivos
Todos somos un poco tontos, y por eso todos los años se repiten esos consejos que de tan obvios parecen bromas. Pero los dicen en serio. Nos suelen recordar a través de los medios que intentemos pasar por la sombra, beber líquidos, no practicar deporte en las horas de mucho sol y cosas así. Cada vez que los escucho me pregunto si hay alguien dispuesto a no beber nada durante un día de fuerte calor y correr todo el rato bajo el sol por el mero hecho de probar a ver qué pasa. Pero, bueno, no quiero generalizar, que hay gente para todo.

"El Berenjenal" en Interviú.

El verano

Lunes, 21 de julio de 2014

No saber y hablar

Lunes, 7 de julio de 2014

Cada domingo lo mismo: no sabemos, no sabemos, pero acabamos hablando una hora seguida. Y nos reímos y ponemos música. Y viene un público fantástico. Mira que hemos hecho cosas a lo largo de nuestra carrera y todas tienen algo para recordar, pero el NADIE SABE NADA es... especial. Se construye a base de la complicidad con mi compañero Berto Romero y siempre, siempre nos sorprende. Por eso le tenemos tanto cariño. Ya puedes escuchar todos los programas en ElTerrat.com

'Nadie Sabe Nada'

Carta a los reyes

Jueves, 3 de julio de 2014

QUERIDOS REYES 'MAJOS':

Soy un niño catalán de casi cincuenta años que todavía cree en los milagros. Lo de los milagros lo cuento ahora, lo de catalán al final de la carta. Creo en los milagros cotidianos, los de la gente normal. Esos que no reconoce el Vaticano. Hoy en día, para muchos españoles resulta un milagro llegar a final de mes. Como también lo es que la gente no se haya cabreado de verdad, viendo cómo nos cuentan (sin reír) que "ya estamos saliendo de la crisis, gracias al esfuerzo de todos". Últimamente se usa la palabra todos con demasiada ligereza.

Ya que me he portado bien durante todo el año (mejor de lo que me hubiera gustado), les hago llegar mi carta con el sueño de que se vean cumplidos mis deseos. Además, me han dicho que son ustedes mágicos. El día de su coronación, por ejemplo, desaparecieron por arte de magia todos los símbolos republicanos y si ponías la tele o leías los periódicos, se respiraba una unanimidad y una genuflexión colectiva que luego no encontrabas en la vida real. Debía tratarse de un truco. Les felicito por eso. A ustedes y a los siete mil policías que velaron por la "seguridad". Yo, ante siete mil policías, no digo ni que soy del Barça y podría confesar que maté a Kennedy a mis cuatro años de edad. Cada vez que veo un policía, creo que he hecho algo delictivo, es un problema que tengo. Un eco del pasado.

Un servidor de ustedes y del Ministerio de Hacienda creía que un país normal podía discrepar en libertad y que las opiniones, por diversas que sean, conforman el carácter de un pueblo. Eso no es ni bueno ni malo. Sencillamente es lo que hay. Porque esos a los que ustedes llaman "súbditos" son cada uno de su padre y de su madre, y tienen mucha mala leche en la intimidad. A la gente se les convence con normalidad/modernidad democrática, con transparencia y con ética. Las pompas y las circunstancia parecen de otro siglo. Quedan muy bien en las fotos, pero nada más. Lo más sano sería escuchar a todas las minorías, valorar todas las opiniones, consultar y luego gobernar en consecuencia. Pero, bueno, no me hagan mucho caso porque yo soy cómico y estoy todo el día diciendo tonterías. De momento me pagan por eso. No mucho, pero no me quejo. Está la cosa como para quejarse, ¿saben? Me siento un poco raro escribiendo esta carta. Todo es un poco extraño porque hace calor, es verano y no se ven renos, ni Papa Noeles, ni tampoco suenan los villancicos de siempre. Además, me han comentado que los Reyes, antes, eran sus padres. Eso les iguala, solo un poco, con la mayoría de mortales. Confío que la magia sea hereditaria, y los hobbys, no. Les pido que naveguen menos y escuchen más. Que no cacen, que recorten sus gastos como hemos hecho todos.

Les he comentado que soy catalán. Mis padres nacieron en Andalucía y vinieron a Cataluña a ganarse la vida. Después nací yo. Así pues, solo tengo agradecimiento para mi tierra. Y respeto. Por eso no puedo hacer otra cosa que respetar a la mayoría de los que viven aquí y todo lo que deseen para prosperar. Ahora Cataluña plantea el reto más importante de su historia. Algunos lo ven como una maniobra política, pero yo creo que es algo mucho más importante. Se trata de un sentir ciudadano, social y sentimental. Les aseguro que es gente buena que quiere ser escuchada. ¿Qué van a hacer ustedes al respecto? La misma España que ha tolerado su coronación está en plena transformación. Las estructuras mentales, institucionales y capitalistas parecen agotadas y ahora se trata de evolucionar. No hay otro camino. Ustedes pueden ponerse del lado de los poderosos, los que no quieren que nada cambie para mantener su estatus, los amantes del besamanos, los interesados, o bien del lado de la gente normal que necesita cambiar la Constitución y limpiar y renovar el panorama político y social. Entre muchas otras cosas. Estoy convencido de que se pondrán del lado que más les interese.

P.D.: Ah, se me olvidaba lo más importante. Siempre me quedé con las ganas de que los Reyes me trajeran un Scalextric. ¿Tienen ustedes manera? Muchas gracias.

"El Berenjenal" en Interviú.